No es una novedad que estamos expuestos a miles de estímulos publicitarios al día, a través de todos los medios posibles, y de los cuales sólo algunos podemos recordar con claridad la marca o el producto. ¿Y qué hay de los que podemos recordar, pero no nos damos cuenta? Suena un poco raro, pero es que nuestros cerebros almacenan información en el subconsciente que puede ser incluso más influyente en nuestro comportamiento. ¿Nunca han tenido la sensación de haber visto algo antes, pero no poder recordar el momento ni el lugar donde sucedió?
En mi caso particular, sucede a menudo que veo algo que no puedo recordar cuándo o cómo, pero estoy segura que he visto antes. Y muchas veces esto hace que termine comprando cosas que aunque no recuerde donde las vi por primera vez, me resultan familiares y esa "conexión" influye a mi decisión de compra.
La publicidad por emplazamiento es una herramienta bastante poderosa en el mundo del Marketing y Publicidad. Consiste en algo simple y sutil como hacer que el protagonista de una serie tome una determinada marca de café todas las mañanas, sin siquiera hacer mención de ello o de la marca, y alojarlo en la mente del televidente sin que se de cuenta. Así, al momento de enfrentarse al anaquel repleto de marcas de café disoluble en el supermercado, el consumidor se familiarizará con el color o forma del envase y posiblemente lo elija, consciente o no de que es la misma marca de café que aparece en su serie favorita.
Sin embargo hay que remarcar una de las palabras que usé en la definición de publicidad por emplazamiento: SUTIL. Y esto va para quienes se encargan del product placement en las últimas películas de James Bond: eviten el bombardeo de marcas, eso más que publicidad por emplazamiento se toma como un ataque publicitario. Justo como mencionaba al principio, estamos expuestos a miles de estímulos publicitarios al día como para soportar que la película que decidamos pagar por ver en el cine sea también un comercial extendido a dos horas. Esto resulta molesto para cualquiera y hace que la publicidad por emplazamiento, más que una herramienta efectiva, se convierta en algo demasiado obvio para el consumidor.


