Que tire la primera piedra aquél que su mamá nunca le haya dicho "en mis tiempos las cosas sí duraban", o "antes uno compraba cosas que sí servían" y todas esas frases relacionadas a la desaprobación de nuestras madres respecto al consumismo de nuestros días.
Mi madre es la reina de hacer que las cosas duren lo máximo posible (a veces creo que ella es la inventora de esa técnica de pegar dos tejitas de jabón para formar uno que todavía dure más), y es master en quejarse cuando mi hermano y yo compramos cosas (desde productos de consumo hasta tecnología) bajo el pretexto de que "necesitábamos uno nuevo".
Me atrevería a decir que son contadas las cosas que realmente necesitamos cambiar por nuevas y que si las vemos muy a fondo, no son nuevas en sí. Pueden tener nuevos diseños, mejores atributos o ser nuevas versiones, pero NUEVO es una palabra muy profanada actualmente.
Citaré un fragmento del libro La Actitud Innovadora de Antonio Flores para llegar al punto que quiero en éste tema:
"Es fácil ver que, ahora mismo, como sociedad, son pocas las necesidades que aún nos quedan por cubrir. Lo que la innovación hace es buscar nuevas maneras para satisfacer las necesidades de siempre. Así pues, aunque es cierto que no tenemos muchas necesidades nuevas, lo que sí tenemos siempre son oportunidades de encontrar nuevas maneras de satisfacerlas".
Me encanta decir que la gente no compra productos, compra soluciones y poder comprobarlo. Puedes pensar en cualquier cosa, y descubrir que la compraste para solucionar algo. Desde tu Smart TV Ultra HD que sigues pagando en mensualidades sin intereses, hasta ese paquetito de chicles que compraste en un semáforo, el impulso de compra se debió a que sería la solución a algo. Por ejemplo, yo compro un café todas las mañana porque es la solución a mi estado zombie por haber dormido poco.
La última cosa que compré bajo el pretexto de necesitar "lo mismo pero nuevo" fue un iPod. Mi primer dispositivo Apple fue un iPod de la primer generación touch (todos dicen al unísono; "uhhhhh"). Conforme pasaron las generaciones de productos Apple, llegó el momento en que mi necesidad de un iPod nuevo surgió. Este tipo de cosas realmente son deseos, pero cada uno encuentra las mil razones para maquillarlos como una necesidad. Las mías eran que escucho música todo el día todos los días, que necesitaba mas GB de espacio, que por estar viejito mi iPod estaba cerca de morir (lo cual probablemente no hubiera sucedido, si el pobre ya había aguantado más golpes que yo en la vida), etc. Así que felizmente adquirí un iPod de la última generación y descubrí que, bueno, mi iPod viejito no estaba tan mal, que al fin y al cabo, eran lo mismo pero el nuevo es, claro, más atractivo en cuanto a diseño e interfaz.
He ahí el punto de las cosas nuevas que no son nuevas. Todo, o casi todo, viene de algo que ya existía, algo que ya se hacía, pero se innova en la manera en que se ven, en que se venden o en que hacen las cosas de siempre.
Pero debo concluir esto dándole la razón a mi mamá (como siempre), las cosas de antes sí que duraban. Hoy en día, todo tiene una esperanza de vida calculada fríamente para mantenernos en constante consumo. Y sin duda, seguiremos cayendo en la trampa de necesitar algo nuevo que, en realidad, de nuevo no tiene nada.

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